HOMILÍA POR EL 485º ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE SAN MIGUEL DE PIURA

El dogma de la Asunción

Hoy 15 de agosto, celebramos la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, fiesta también conocida como “el Tránsito de María”. La Asunción de María a los cielos, es un dogma de fe, es decir es la formulación de una verdad revelada por Dios en la cual nosotros los hijos de la Iglesia estamos llamados a creer. El dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María, fue definido por Su Santidad Pío XII, el 1 de noviembre de 1950, con la Constitución Apostólica “Munificentissimus Deus”. Con las siguientes palabras, el venerado Papa Pacelli definía ex-cathedra, y por tanto de manera infalible, esta verdad de fe: “Pronunciamos, declaramos, y definimos que es dogma revelado por Dios que la Inmaculada Madre de Dios siempre Virgen María, concluido el curso de su vida terrena, fue asunta a la gloria celestial en cuerpo y alma”.

Este misterio de la vida de Santa María, tiene una íntima vinculación con el don de su Inmaculada Concepción. María desde el primer instante de su concepción fue inmune del pecado original, y por su activa y libre cooperación con la gracia de Dios, nunca cometió pecado personal alguno. Por eso tampoco tuvo vigencia en Ella lo que a todos los hombres se nos dijo en Adán después de consumado el pecado original: “Polvo eres y en polvo te convertirás” (Gen 3, 21).  

Si nos preguntamos, ¿por qué sólo Ella fue inmune del pecado y de la corrupción del sepulcro? La respuesta es ésta: por singular privilegio, pues estaba destinada a ser la Madre de Dios, la Madre de Aquel que venía a traernos el don de la salvación. Ahora Ella desde el cielo, con la plenitud de nuestra humanidad, “brilla en nuestro camino como signo de consuelo y de firme esperanza”.[1]

485° Aniversario de la Fundación de San Miguel de Piura

También en este día de la Asunta, los piuranos celebramos con alegría cristiana otro gran acontecimiento: el 485° aniversario de la fundación española de nuestra querida ciudad de San Miguel de Piura. Quiero una vez más agradecer a la Municipalidad Provincial de Piura, a los historiadores e investigadores, así como a la Academia Peruana de la Historia, por haber acogido el pedido que hiciera el Arzobispado de Piura para reestablecer la fecha fundacional de nuestra amada ciudad el día 15 de agosto, la que como bien sabemos tuvo a lo largo de su historia hasta cuatro traslados siendo el definitivo el actual emplazamiento en la que se encuentra edificada en nuestros días.

Los piuranos debemos sentir profunda satisfacción de vivir en esta noble ciudad, puesta bajo la protección de Nuestra Señora de la Asunción y de San Miguel Arcángel sus patronos, porque ella es la primera y más antigua ciudad de fundación española del Perú, constituyéndose así en la primera urbe cristiana de nuestra Patria y en la Puerta de la Fe y de la Evangelización para esta parte del Continente.  

Efectivamente, bajo la protección del Arcángel San Miguel, desde Piura partieron los pioneros del anuncio de Jesucristo, de su Buena Nueva y de su Iglesia, hacia el vasto territorio del antiguo Imperio Inca logrando que la fe cristiana llegara a ser el sustrato del alma peruana. En efecto nuestra fe cristiana sostiene como fundamento firme los valores esenciales del humanismo que hemos heredado de nuestros antepasados, y aniversarios como éste son ocasión preciosa para que los reasumamos de manera renovada. Al ser nuestra ciudad de San Miguel de Piura puerta y fuente de la evangelización, ella ha sido la cuna de aquel proceso de mestizaje integrador, no sólo racial sino sobre todo cultural y humano, que ha dado origen a lo que hoy en día llamamos con satisfacción “Peruanidad”, la cual se expresa de diversas y ricas maneras en nuestra vida diaria.

A pesar de los problemas que nos aquejan, los piuranos debemos sentir honda complacencia de habitar en Piura. Así nos lo recuerda  el cronista Pedro Cieza de León cuando en 1553 escribió: “La ciudad de San Miguel fue la primera que en este reino se fundó por el marqués don Francisco Pizarro y adonde se hizo el primer templo a honra de Dios nuestro Señor…Y no embargante que esta ciudad se tenga en este tiempo en poca estimación, por ser los repartimientos cortos y pobres, es justo que se conozca que merece ser honrada y privilegiada, por haber sido el principio de lo que se ha hecho, y asiento que los fuertes Españoles tomaron antes que por ellos fuese preso el gran señor Atabalipa (Atahualpa)”.[2]  

¡No tengamos miedo! y apuremos la reconstrucción moral

Este nuevo aniversario de nuestra ciudad, nos encuentra todavía padeciendo los efectos devastadores del reciente “Fenómeno del Niño Costero”. Frente a la gran tarea de la reconstrucción que tenemos por delante, quiero decirles a las autoridades y a todos los piuranos: ¡No tengamos miedo! Ciertamente los problemas no faltan y los recursos ofrecidos se quedan cortos frente a las necesidades. Por ello se hace necesario el compromiso y la unidad de todos, para lo cual es imprescindible deponer los intereses personales y de grupo para trabajar por el bien común, colocando en el primer lugar de nuestras preocupaciones a los más pobres y sencillos que son los predilectos del Señor.

Igualmente y como he venido insistiendo desde el inicio de la emergencia, la reconstrucción no es sólo material. Ciertamente es urgente reparar calles y avenidas, reconstruir viviendas, diques, e infraestructura, garantizar el derecho humano al agua y al saneamiento para todos los piuranos, modernizar puentes, construir y equipar centros de salud, colegios, así como limpiar los cauces de ríos y canales, entre otras acciones, pero apremia sobre todo una reconstrucción moral, sustento y alma de la material, donde viviendo en la verdad y en el amor los piuranos seamos honestos, laboriosos, justos, serviciales y tengamos pasión por la solidaridad que es el bien común en acción. La solidaridad es mucho más que una esporádica generosidad. Es la actitud permanente de hacernos responsables de los demás y de empeñarnos por trabajar por el bien de todos y de cada uno. 

Como parte de esta reconstrucción moral, y con ocasión de este nuevo aniversario de San Miguel de Piura, comprometámonos a trabajar por fomentar el sentido de comunidad, defendamos la dignidad de toda persona humana creada a imagen y semejanza de Dios desde la concepción hasta su fin natural, fomentemos el respeto por todos, pero especialmente amemos a los más frágiles y vulnerables, y observemos nuestros deberes cívicos y no nos limitemos sólo a reclamar nuestros derechos.       

Las ciudades, como las personas, no sólo tienen cuerpo sino también un espíritu, y en ese sentido Piura, como ciudad fundada al calor de la fe cristiana y puesta bajo la protección de Nuestra Señora de la Asunción y del Arcángel San Miguel, tuvo siempre presente desde sus inicios la vida espiritual de sus habitantes. La vida de Piura se ha identificado con su fe católica permanentemente y así tiene que seguir siéndolo para bien de todos nosotros, ya que la fe y el Evangelio promueven el sentido auténtico de comunidad y de corresponsabilidad.

Rezo siempre para que Piura viva su vocación cristiana no sólo conservando inalterado su rico patrimonio espiritual y cultural, sino también para que sus habitantes traduzcan la belleza de la fe recibida en modos concretos de pensar y actuar, y ofrezcan así a cuantos por diversos motivos nos visitan, un clima lleno de humanidad y de valores evangélicos.[3] Rezo también para que Piura sea una ciudad segura y tranquila donde todos podamos vivir en paz y fraternidad.

No nos olvidemos que “Todos somos Piura”, y por ello todos debemos sentirnos comprometidos por hacer de nuestra ciudad un lugar donde se haga visible la Civilización del Amor, es decir una ciudad fundada en la caridad donde todos nos sintamos movidos por el amor de Cristo a entregarnos a los demás y a encontrar nuestro verdadero gozo en ello. Sólo así, nuestra querida Piura tendrá un alma que le permitirá ver más allá de sus problemas y encarar con ánimo los desafíos siempre constantes.

Unidos por la Esperanza

Dentro de pocos meses el Papa Francisco estará en el Perú. Recemos por los frutos de su Visita Apostólica. El lema escogido para la Visita Papal es: “Unidos por la Esperanza”. Hoy nuestra esperanza se ve asechada desde muchas partes, y también nosotros corremos el riesgo de convertirnos en hombres sin esperanza y sin Dios en este mundo. Por ello quiero terminar esta homilía haciendo una cordial invitación a todos a que en las actuales circunstancias y en toda ocasión pongamos nuestra esperanza en Dios, uno y trino. Sólo Él es la esperanza que supera todos los problemas y desafíos. Sólo su amor no puede ser destruido por la muerte. Sólo su justicia y misericordia pueden sanar y confortar todas las injusticias y los sufrimientos que soportamos. La esperanza que se apoya en Dios no es individualista, no es sólo una esperanza para mí sino siempre una esperanza para los demás, no nos aísla sino más bien nos hace solidarios.[4]

Tengamos la certeza que esta tierra bendita que ha dado entre sus mejores hijos a los ilustres pintores Ignacio Merino Muñoz y Luis Montero Cáceres, al poeta Carlos Augusto Salaverry, al padre de la medicina peruana José Cayetano Heredia, al distinguido marino y político Lizardo Montero Flores, y sobre todo al Héroe de Angamos y Peruano del Milenio, el gran Almirante del Perú y Caballero de los Mares, don Miguel Grau Seminario, saldrá adelante más renovada y fortalecida que nunca, porque como bien reza el refrán que se hizo muy popular durante los días más aciagos de la inundación: “ el piurano que conozco sólo se agacha para bailar un tondero”.

Que Santa María de la Asunción o Nuestra Señora del Tránsito, nos acompañe y guíe siempre con su amor maternal para que seamos fieles a su Hijo Jesús y vivamos en fraternidad y unidad. 

Nuestra ciudad fue puesta bajo la protección de San Miguel Arcángel. De ahí su hermoso nombre: ¡San Miguel de Piura! Por ello le dirigimos ahora nuestra oración al Príncipe de la Milicia Celestial para implorar las bendiciones del Altísimo sobre nuestro pueblo:

San Miguel Arcángel, protector nuestro,
extiende tus benéficas alas sobre Piura.
Aleja de nosotros todo lo que nos pueda perjudicar,
abre nuestros caminos para que podamos avanzar
y alcanzar las metas deseadas.

Acude con tus Santos Ángeles
y aparta de nosotros todo obstáculo que se oponga
a la realización de nuestros proyectos y esperanzas,
ahora más que nunca en que necesitamos reconstruir
nuestra Ciudad y Región.

Con tu celo y bondad auxílianos,
con tu fuerza guárdanos, defiéndenos y protégenos,
y haz que sepamos imitar tus virtudes,
especialmente tu fidelidad y celo por la gloria de Dios,
para que cuando salgamos de esta vida terrenal
seamos presentados por ti, libres de toda culpa,
ante Dios rico en misericordia.

Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 15 de agosto del 2017.
Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María

[1] Prefacio de la Santísima Virgen María, III.

[2] Pedro Cieza de León, Crónica del Perú, Parte I.

[3] Ver S.S. Benedicto XVI, Angelus en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, 29-VI-2009.

[4] Ver Ibid.

martes 15 agosto, 2017