«ÉL ME HA UNGIDO SACERDOTE SUYO, MINISTRO SUYO, ENVIADO SUYO» – 2015

HOMILÍA SANTA MISA CRISMAL 2015

31 de marzo 2015 (Oficina de Prensa).- Ante la presencia de una gran cantidad de fieles hoy en la Basílica Catedral de Piura a las 10:00 a.m. se celebró la Misa Crismal presidida por Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V, Arzobispo de la Arquidiócesis de Piura y Tumbes, la misma que fue concelebrada con los sacerdotes provenientes de toda la diócesis, en la cual se consagra el Santo Crisma, se bendice el óleo de los catecúmenos y el de los enfermos.

Esta Misa Crismal ha de ser tenida como una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del Obispo y como signo de la unión de los sacerdotes con él. A continuación publicamos la homilía completa de nuestro Pastor:

Muy queridos hermanos y hermanas en Jesucristo:

IMG_2545Todos los obispos en sus diócesis presiden en estos días previos al Triduo Pascual, la Misa Crismal. En esta Eucaristía el obispo, rodeado de su presbiterio y de su pueblo, consagra el santo crisma y bendice los óleos de los catecúmenos y los enfermos, que luego serán para toda su Iglesia particular la materia de varios sacramentos. En la celebración de la Misa Crismal se pone de manifiesto la unidad eclesial en torno al obispo y el origen pascual de todos los misterios sacramentales.

Los óleos, símbolo de la efusión del Espíritu

Reflexionando brevemente sobre cada óleo, podemos decir que la palabra griega “crisma”, denomina un ungüento aromático, mezcla de aceite de oliva, que representa la fortaleza; y bálsamo oloroso, cuyo aroma representa el suave olor de santidad de la vida cristiana (ver 2 Cor 2, 15). Su etimología proviene de “chrio”, ungir, que ha dado origen al término “cristos” que significa “el Ungido”. De ahí deriva la palabra Cristo, con la que designamos al Señor Jesús, nuestro Salvador.

La unción con el crisma en los sacramentos del bautismo y la confirmación, representa la plena efusión de la gracia. En el bautismo, significa que los cristianos injertados en el misterio pascual del Señor Jesús, hemos muerto y resucitado con Él, participando de su sacerdocio real y profético. Y en la confirmación, al recibir la plenitud del Espíritu Santo, hemos sido más perfectamente configurados con el Señor y con la Iglesia. También son ungidos los obispos y los sacerdotes en el día de su ordenación sacramental.

El óleo de los catecúmenos se usa para ungir a los que están preparándose para el Bautismo. Este óleo extiende el efecto de los exorcismos, para que los bautizandos reciban la fuerza para renunciar a Satanás y al pecado, antes de que renazcan de la fuente bautismal.

_DSC0428Finalmente el óleo de los enfermos, cuyo uso atestigua el apóstol Santiago en el sacramento de la Unción de los Enfermos (ver St 5, 14), es medio a través del cual la gracia específica de este sacramento reconforta las dolencias del cuerpo, de la mente y del espíritu de los enfermos, les da firmeza para vencer la tentación y les otorga el perdón de sus pecados. El aceite simboliza el vigor y la fuerza del Espíritu Santo. La Unción de los Enfermos, no sólo está indicada para los moribundos para prepararlos a que den el paso a la vida eterna, también es aconsejable ungir a quienes están graves o a los ancianos deteriorados en su salud. Lo anterior implica que este sacramento puede recibirse más de un vez.

¡Con asombro y emoción revivamos nuestra ordenación sacerdotal!

Pero también en la Misa Crismal los sacerdotes, delante del obispo y del pueblo santo de Dios, renuevan sus promesas sacerdotales.

Queridos hijos sacerdotes: Los invito hoy a revivir aquel momento que marcó y selló sus vidas para siempre, el momento de su ordenación sacerdotal en el que ustedes también pudieron decir: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido sacerdote suyo, ministro suyo, enviado suyo, para anunciar la buena nueva a los pobres; me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar la libertad a los cautivos y la liberación a los prisioneros (ver Is 61, 1 y Lc 4, 18). Con asombro y estremecimiento los invito hoy a repetir con el Señor Jesús: Hoy se ha cumplido, y por la misericordia de Dios se sigue cumpliendo, esta Escritura que acaban de oír (ver Lc 4, 21).

Todos nosotros tenemos muy viva en nuestra memoria aquel momento maravilloso en que el obispo y los presbíteros que nos acompañaron el día de nuestra ordenación, nos impusieron sus manos en nombre del Señor. En ese momento el Señor Jesús nos decía a cada uno de nosotros, como nos lo vuelve a decir hoy: “Tú me perteneces. A partir de ahora tu vida será sólo para mí. Desde este momento tus palabras, tu mente y tu corazón, todo tu ser, serán pura trasparencia de la verdad y de mi amor para la salvación del mundo.

Yo quiero hacerme presente en ti y por eso te doy mi Espíritu, para que por tu ministerio, las personas me encuentren a Mí y me reciban en los sacramentos que tú habrás de celebrar como otro Cristo”. Y  también en ese momento sublime y sobrecogedor el Señor nos llenaba de confianza y nos decía: “No temas, porque tú estás bajo la protección de mi corazón, tú quedas custodiado en el hueco de mis manos, tú te encuentras dentro de la inmensidad de mi amor. ¡Permanece en el hueco de mis manos y dame sin miedo las tuyas!”.

IMG_2535Sí queridos hijos, renovar las promesas sacerdotales es hacer memorial de nuestra ordenación, de la inmensidad del amor del Señor que sin mérito de nuestra parte nos escogió y llamó a su compañía, porque como dice el Evangelio: “Llamó a sí a los que Él quiso y vinieron a Él” (Mc 3, 13). Renovar las promesas sacerdotales es hic et nunc, aquí y ahora, renovarle nuestra pertenencia, nuestro amor, nuestra fidelidad, nuestra pureza, nuestra entrega incondicional, nuestro sí, como el de la Madre, la Mujer del todo y para siempre. En una palabra es renovarle nuestra amistad, conscientes de lo que el Señor nos ha dicho: “Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos…los he llamado amigos” (Jn 15, 14-15).

Renovar las promesas sacerdotales es corresponder a la amistad del Señor creciendo en intimidad con Él, escuchándolo cada vez más, y para ello es necesaria la vida de oración, el encuentro diario con el Señor en la meditación de su Palabra, y los largos momentos de oración de rodillas frente al Sagrario. ¡Cuidado con el activismo! Sin una vida de amistad con el Señor, el apostolado se compromete seriamente, pierde eficacia, puede quedar infecundo y nosotros caer en infidelidad.

Renovar las promesas sacerdotales exige convertirse en amigo de Jesús en la Eucaristía. La Eucaristía es nuestro centro, nuestra vida, nuestro alimento y nuestro gozo. En cada Eucaristía que celebramos, Jesús, Sumo y Eterno sacerdote, nos enseña a ser obedientes hasta la muerte y muerte en Cruz (ver Flp 2, 8), nos educa a ofrecernos con Él al Padre y a inmolarnos para la vida del mundo. En cada Misa que celebramos, y que debemos celebrar con reverencia, unción y amor, recibimos el don del Espíritu del Señor, y al comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, nos hacemos uno con Él y con toda la Iglesia para vivir la caridad pastoral hasta la donación total de nosotros por el rebaño que nos ha sido confiado.

Como decía el Santo Cura de Ars: “Si el sacerdote supiera lo que es la Misa, se moriría. No se comprenderá la felicidad que hay en celebrar la Misa sino en el Cielo. ¡Oh, mi Dios, qué lamentable es que un sacerdote celebre la Misa como una cosa ordinaria y peor aún en pecado!”. Y añadía: “Si ustedes amaran a Nuestro Señor, tendrían siempre ante los ojos del espíritu el sagrario, que es la casa del buen Dios”.

Por todo ello, cuán humilde, manso de corazón y generoso tiene que ser un sacerdote. La soberbia es la raíz de todos los pecados y cuánto daño hace a la unidad de la Iglesia. Por eso queridos sacerdotes, cuidémonos del amor propio desordenado que nos impide salvar almas. Cuando hay soberbia el amor de Dios no está en nosotros. Seamos más bien ejemplo de humildad y sencillez.

Igualmente, amemos la pobreza. En su Encíclica Sacerdotti nostri primordia, escrita con ocasión del primer centenario del tránsito del Santo Cura de Ars, el hoy San Juan XXIII, el Papa Bueno, escribió: “Ante todo, observad la pobreza del humilde Cura de Ars, digno émulo de San Francisco de Asís, de quien fue fiel discípulo en la Orden Tercera. Rico para dar a los demás, mas pobre para sí, vivió con total despego de los bienes de este mundo y su corazón verdaderamente libre se abría generosamente a todas las miserias materiales y espirituales que a él llegaban. «Mi secreto —decía él — es sencillísimo: dar todo y no conservar nada». Su desinterés le hacía muy atento hacia los pobres, sobre todo a los de su parroquia, con los cuales mostraba una extremada delicadeza, tratándolos «con verdadera ternura, con muchas atenciones y, en cierto modo, con respeto». Recomendaba que nunca se dejara de atender a los pobres, pues tal falta sería contra Dios; y cuando un pordiosero llamaba a su puerta, se consideraba feliz en poder decirle, al acogerlo con bondad: «Yo soy pobre como vosotros; hoy soy uno de los vuestros». Al final de su vida, le gustaba repetir: «Estoy contentísimo; ya no tengo nada y el buen Dios me puede llamar cuando quiera»”. Que como el Cura de Ars siempre seamos pobres de espíritu en nuestra vida sacerdotal y no permitamos que el espíritu de la mundanidad conquiste nuestro corazón con la idolatría del dinero y de los bienes del mundo, porque como afirma el Papa Francisco, el dinero nos aleja de Dios y nos quita la fe.

Año de la Misericordia

_DSC0413Quiero aprovechar la ocasión de esta Homilía para anunciar  una buena noticia. Recientemente nuestro querido Papa Francisco ha anunciado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia que se iniciará el presente año con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica Vaticana durante la solemnidad de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre, y concluirá el 20 de noviembre de 2016 con la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. Es una grata noticia que a todos nos llena de profundo gozo y esperanza.

Desde ya pido a los sacerdotes de la Arquidiócesis de Piura y Tumbes, prepararnos espiritualmente para vivir este Jubileo, que entre otras cosas nos va a exigir dedicar más tiempo a escuchar confesiones, conscientes que el confesionario es “lugar real de santificación”, porque de entre todos los sacramentos, ciertamente el de la reconciliación hace presente con especial eficacia el rostro misericordioso del Señor.

El Papa Francisco es enfático cuando nos dice que cada fiel que se acerca a la confesión es “tierra sagrada” y  que “no hay pecado que no pueda ser perdonado”. Que desde ahora administremos el sacramento de la penitencia como lugar dónde educar en la misericordia, es decir ayudando a nuestros hermanos a que experimenten la confesión como un encuentro liberador con la ternura del amor de Dios que perdona, sana y que renueva la vida, lo cual no excluye sino que comprende también el justo compromiso de reparar en la medida de lo posible, el mal cometido.

Asimismo queridos sacerdotes, cuando nos sentemos a confesar dejémonos educar por el sacramento de la reconciliación, es decir aprendamos de los milagros de conversión de los cuales somos testigos a diario en nuestros confesionarios y que a la luz de ellos nos preguntemos: “Yo, confesor, ¿estoy dispuesto al cambio, a la conversión, como este penitente? Y finalmente, que en cada confesión sacramental de los fieles, tengamos siempre la mirada interior dirigida al Cielo, a lo sobrenatural, conscientes que yo sacerdote he sido constituido ministro de la reconciliación por pura gracia de Dios, gratuitamente y por amor, es más precisamente por misericordia y por tanto yo también tengo necesidad de confesarme.

Concluyo recordando a los sacerdotes y a todos los fieles cristianos, que del 13 al 16 de agosto próximo, Piura será sede del X Congreso Nacional Eucarístico y Mariano. En la oración preparémonos a participar entusiasta y multitudinariamente en cada una de las actividades a realizarse sobre todo las que tendrán lugar en el Estadio Miguel Grau de Piura. Que sean días para testimoniar públicamente nuestra fe, amor y adoración al Santísimo Sacramento del Altar donde Jesús está realmente presente Él, el Amigo que nunca falla. Que sean días para proclamar que la tierra del Señor Cautivo de Ayabaca, del Señor de la Buena Muerte de Chocán y de Nuestra Señora de las Mercedes, es tierra marcada profundamente en su identidad por la fe católica. Por eso visitarán nuestra ciudad las tres imágenes antes mencionadas para recibir nuestra veneración. A Piura vendrán representantes del Vaticano, los Obispos del Perú, así como Obispos de América Latina; y el Santo Padre Francisco se hará representar por un Enviado Especial. También vendrán delegaciones de todos los rincones de nuestra Patria. Que ello sea ocasión para que mostremos a Piura como tierra cálida de fe, de generosa amistad, de ricas tradiciones y costumbres y de profunda cultura y erudición.

Que la Virgen María nos acerque cada día más a su Hijo Jesucristo. Que Ella nos ayude especialmente en estos días del Santo Triduo Pascual a vivir, los misterios de la pasión muerte y resurrección de su Hijo. 

San Miguel de Piura, 21 de marzo de 2015
Vísperas del V Domingo de Cuaresma

martes 31 marzo, 2015