HOMILÍA DEL ARZOBISPO METROPOLITANO DE PIURA EN LA NAVIDAD 2017

¡Dios está en el pesebre!

Hoy nuestra mirada se fija en el pesebre y en el misterio de Dios hecho hombre. Los invito a que nos detengamos en el humilde portal de Belén porque allí nos habla la ternura de Dios; porque allí resplandece la misericordia del Señor que se ha hecho carne; porque allí nos busca Jesús para darnos su amor que todo lo hace nuevo. ¡Dios está en el pesebre! El Creador que tiene todo en sus manos, del que todos nosotros dependemos, nace en la más absoluta pobreza, y se hace pequeño y necesitado del amor humano.  

«Dios se ha hecho niño».

Dios se ha hecho niño, es decir, un ser que entra en el mundo con lágrimas, cuyo primer sonido es un grito de ayuda, cuyos primeros gestos son sus manitas extendidas hacia nosotros buscando seguridad, buscando nuestra acogida. El Niño Dios busca nuestros brazos, busca el calor de nuestro corazón. ¿Para qué? Para que nosotros podamos estar juntos con Él, y así podamos recibir el calor de vida de Quien es la Verdad y el Amor encarnados. Preguntémonos: ¿Me dejo alcanzar por Jesús? ¿Me dejo estrechar y abrazar por Él? O le impido que se acerque a mí. Hermanos, en esta Nochebuena dejémonos encontrar por el Divino Niño de Belén, dejemos que su amor nos acaricie y nos cure. El pesebre nos recuerda que Dios por su gran misericordia ha descendido a la tierra para quedarse con nosotros.

Ya no estamos solos, desamparados, sometidos a la desgracia de nuestro pecado. Dios camina con nosotros y por eso siempre en la vida hay esperanza, aún en los momentos más difíciles; siempre hay razones para estar alegres a pesar del dolor y la prueba que podamos vivir.    

«Dios se ha hecho niño indefenso».

Dios se ha hecho niño indefenso para enseñarnos que lo que verdaderamente da sentido a nuestra vida es el amor, y que por tanto nunca es más grande el ser humano que cuando se abaja, que cuando se inclina, que cuando se hace servidor de los demás. Jesús no se ha limitado a encarnarse o a dedicarnos un poco de su tiempo, sino que ha venido a darse totalmente por amor a nosotros, a compartir toda nuestra vida, con sus alegrías y dolores. Por ello que el misterio de Navidad nos impulse a ponernos al servicio de los demás siguiendo el ejemplo de Jesús que vino, “no a ser servido sino a servir y para dar su vida en rescate por muchos” (ver Mt 20, 28).  

El desafío de Navidad

¿Cuál es el desafío de Navidad? El gran desafío de Navidad es no ser indiferentes a los gemidos del Niño de Belén y a sus brazos extendidos hacia nosotros. El gran desafío de Navidad es acoger por la fe al Niño Dios que nace. Y la gran sorpresa es que al acogerlo descubrimos que también nosotros somos dependientes, y lo somos más que un niño recién nacido. Al acogerlo descubrimos que necesitamos a Jesús, mucho más de lo que Él quiere necesitar de nosotros, y que el amparo que nosotros podemos darle no se compara al que Él nos da.

Al acogerlo descubrimos que Él es la respuesta a las ansias más profundas de nuestro ser; que sólo este Niño de Belén puede calmar y saciar la nostalgia de Dios y la sed de comunión que tiene nuestro corazón. Al recibirlo descubrimos que si queremos ser realmente felices, la vida no se puede construir más que con Él, en Él y por Él. El poder que tiene el Niño indefenso de Belén, es el poder de destruir nuestra soberbia, nuestro orgullo y nuestra autosuficiencia. En una palabra el Niño Dios tiene el poder de liberarnos de nuestro pecado que es ruptura y muerte, y devolvernos la inocencia, la sencillez, la humildad y el amor, para así tener vida verdadera y dar vida a los demás.

Dios nunca se impone por la fuerza   

El pesebre nos dice además que Dios nunca se impone por la fuerza. Aquel que ha venido con gran humildad, mansedumbre y sencillez, toca pacientemente la puerta de nuestro corazón buscando que nosotros libremente le abramos y le acojamos: “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap 3, 20).

El Niño Dios respeta nuestra libertad y nos invita a que desde ella le respondamos con el homenaje de nuestra fe y adoración. ¿Cuál será nuestra actitud esta noche santa? ¿La de Herodes y la de los sabios y entendidos de Israel que se quedaron instalados en la comodidad de su autosuficiencia? O más bien la de los pastores que se pusieron en camino para adorar al Niño y ofrecerle sus dones.

Nuestra actitud será ¿la de la soberbia y la arrogancia que nos llevan a rechazar el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús lo cual nos sumerge en la confusión y en sombras de muerte? O más bien la de la humildad que nos conduce a ponernos de rodillas delante del Niño para adorarle, conscientes que necesitamos de su amor reconciliador.

Hermanos: Dios ha hecho el camino más largo. Él ha bajado del Cielo y ahora nos dice: “Vengan a ver cuánto los amo. Vengan a ver que yo estoy aquí”. ¿Seremos tan insensatos como para no ir a buscarle en el portal de Belén? Porque fuera de la Luz del Niño Dios que esta noche resplandece en Belén, nunca sabremos el real valor de nuestra vida, ni la grandeza de nuestra dignidad y vocación, y por tanto nunca sabremos cuál es el camino que conduce a la libertad auténtica, a la felicidad y a la salvación eterna.

En esta Nochebuena hay salvación para todos

Queridos hermanos, en esta Nochebuena hay salvación para todos, porque el amor del Señor no excluye a nadie, más bien busca a todos, especialmente a los más pobres y a los hoy descartados por la sociedad. Que nadie por tanto se sienta excluido del amor de Jesús.

El Cielo ha bajado a la tierra para librarnos de las tinieblas y darnos la luz: “El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz” (Is 9, 1). En Jesús recién nacido ha aparecido la misericordia, la ternura del Padre. Jesús es el Amor hecho carne, el Salvador esperado, Aquel que da sentido a la vida y a la historia, es el Emmanuel, el Dios-con-nosotros.

Por eso esta noche santa te bendecimos, Señor Dios Altísimo, que te has despojado de tu rango por nosotros. Tú eres inmenso y te has hecho pequeño. Tú eres rico y te has hecho pobre. Tú eres omnipotente y te has hecho débil. Y todo esto lo has hecho por amor a nosotros. ¡Gracias Señor!

¡Gracias Santa María!

Pero la alegría de esta Navidad no sería completa si nuestra mirada no se dirigiese también esta noche a Santa María; a Aquélla que, obedeciendo el designio amoroso del Padre, engendró para nosotros en la carne al Hijo de Dios. Por eso esta noche de Navidad le decimos a la Madre de Jesús que es también nuestra Madre: ¡Gracias Santa María! Gracias por tu “Hágase” valiente y generoso que hizo posible en Nazaret el milagro de la Anunciación-Encarnación, y que hoy en Belén hace posible el milagro de la Encarnación-Nacimiento del Hijo de Dios y con ello nuestra redención.

Gracias por tu «SÍ»; por haber renunciado a tus comodidades, a tus planes, a tus seguridades y haberte lanzado a la gran aventura de seguir lo que Dios te pedía. Gracias por haberte sometido a lo inseguro, e incluso a lo doloroso por nuestra reconciliación. Pero además estamos ante ti, Madre de Dios y nuestra, para decirte: ¡Aquí nos tienes! ¡Míranos, Oh Madre de Bondad, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, porque nosotros también somos tus hijos, hijos de tu gran fe! Y por ello en esta noche santa en que has derramado la luz del mundo en nuestras vidas, queremos pedirte, apoyados en tu gran poder de intercesión que ruegues ante tu adorado Jesús por todos nosotros. Sí, Madre:

– Ruega por nuestras familias, para que sean cenáculos de fe y de amor.

– Ruega por los niños, y especialmente por los que aún no han visto la luz del día, por los concebidos no nacidos, para que no sean abortados, es decir para que no se maten a los niños antes de que nazcan.

– Ruega por nuestros jóvenes en busca de sentido; por las personas que no tienen trabajo y vivienda; por los que padecen hambre.

– Ruega por nuestros enfermos, por nuestros ancianos y por cuántos están solos y sin esperanza.

– Ruega por nuestros damnificados que aún viven en la precariedad, como tú en Belén, y pasan hambre, sed, destierro, enfermedad, e indiferencia. Alcánzanos de tu Hijo la ansiada reconstrucción de nuestra Región.

– Ruega por las víctimas de la injusticia y de la violencia.

– Ruega por nuestros familiares, amigos y bienhechores difuntos.

– Ruega por los pecadores y por los que seducidos por los sucedáneos de este mundo han perdido el horizonte de la fe.

– Ruega por el Perú que es tuyo y de tu Hijo desde la Evangelización constituyente. Por este Perú que urgentemente necesita la unidad de todos sus hijos, así como grandes dosis de honestidad, moralidad, decencia, trabajo en conjunto por el bien común, y firme decisión de poner a los pobres en el centro de sus preocupaciones.

– Ruega por los responsables del gobierno de la Nación, y por los que rigen nuestra sociedad, para que con rectitud, honestidad, integridad, y entrega generosa conduzcan al pueblo peruano por los caminos de la reconciliación nacional y así podamos ver el surgimiento de la ansiada Civilización del Amor en nuestra Patria.

– Ruega finalmente por la próxima Visita Apostólica del Vicario de tu Hijo en la tierra, el Papa Francisco, para que ella sea un tiempo de gracia y bendición para el Perú. Que sean días de unidad y de esperanza para todos los peruanos, en donde el amor de Dios Padre nos sorprenda de mil y una maneras y así recuperemos la alegría de vivir, nos renovemos en la esperanza que no falla, y en la certeza de que es posible desde nuestra fe cristiana y católica forjar ese Perú, donde todos podamos vivir como hijos de un mismo Padre y hermanos en Jesucristo.

Aquí estamos ante Ti, Nuestra Señora de Belén, para proclamar contigo que la salvación está sólo y enteramente en tu Hijo, el dulce Señor Jesús. Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 25 de diciembre de 2017.

Misa de Nochebuena 
Solemnidad de la Natividad del Señor

domingo 24 diciembre, 2017