MEDITACIÓN DEL ARZOBISPO METROPOLITANO DE PIURA ACERCA DE LA VIRGEN NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES

“Madre De Las Mercedes, Bendita Siempre Bendita”

Queridos hermanos y hermanas:

Continuando con nuestras meditaciones marianas, quisiera dedicar la de hoy jueves, a nuestra Madre y Patrona, Nuestra Señora de las Mercedes, a quien con filial confianza y ternura llamamos “La Mechita”.

La devoción a Nuestra Señora de las Mercedes entre nosotros, comienza con la gesta de la evangelización constituyente del Perú, en concreto con la llegada de los frailes mercedarios en 1532 en los albores del anuncio del Evangelio en nuestra Patria, que tuvo a San Miguel de Piura como la puerta de la fe para el Perú, porque de aquí partieron los pioneros del anuncio de Jesucristo, de su Buena Nueva y de su Iglesia, hacia el vasto territorio del antiguo Imperio Inca.

En nuestro caso, la devoción fue adentrándose poco a poco en el corazón de los piuranos y los paiteños en particular. El fervoroso culto que hoy se rinde a nuestra Señora de las Mercedes en Paita, se remonta a los tiempos en que en este significativo puerto norteño sólo existían algunas pobres casas de pescadores en lo que hoy se conoce como el barrio Atahualpa. En medio de esas humildes viviendas se construyó una pequeña capilla bajo la advocación de la Virgen de las Mercedes. Más tarde, cuando la población creció en número e importancia, se erigió un templo más digno para la Santísima Virgen que la modesta ermita original.

Pero su culto comenzará a extenderse trasponiendo los límites de nuestra Región hasta alcanzar sus actuales dimensiones multitudinarias y de integración nacional e internacional, con la incursión del pirata inglés George Anson al puerto paiteño el 14 de noviembre de 1741 y sus vanos intentos por decapitar y robar la imagen. Actualmente se puede observar en la imagen de Nuestra Madre que se venera en Paita, la sacrílega herida en su cuello causada por la espada del pirata. Por ello en su Himno le cantamos a la vencedora de Satanás y de sus secuaces: “Con la herida en tu cuello con cetro de majestad”.

La imagen de Nuestra Señora de las Mercedes que veneramos, no sólo es hermosa sino que posee una serie de símbolos muy profundos que nos invitan y ayudan a comprender mejor las exigencias de nuestra vida cristiana. Así por ejemplo, su traje de blanco lino nos recuerda que desde el bautismo estamos llamados a ser santos, es decir que todos nosotros los bautizados estamos convocados a vivir en plenitud la realidad del amor de Dios, en medio de las dificultades de la historia y de la propia existencia, como lo es este tiempo de pandemia. Más aún, estamos llamados a santificarnos en estos difíciles tiempos de prueba creciendo en nuestra fe y confianza en Dios nuestro Padre, en nuestra esperanza, que se apoya en el amor fiel de Jesucristo hacia nosotros, y en la caridad que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones para que amemos de manera viva y operante a nuestros hermanos en estos tiempos de pandemia.  Como solía repetir San Juan Pablo II: “Un santo es en su vida y en su muerte, traducción del Evangelio para su país y su época”.  

Si miramos bien la imagen de “La Mechita”, ella tiene sus brazos abiertos y extendidos hacia nosotros, como si con este gesto Ella nos dijera: “¡No tengan miedo en estas horas de angustia y aflicción! Yo que soy vuestra Madre, estoy aquí para acogerlos, escucharlos y protegerlos en sus dificultades, y para interceder por todas y cada una de sus súplicas y necesidades. No se olviden de que soy salud de los enfermos”.

De otro lado en el vientre de la imagen aparece el escudo de nuestra Patria, el Perú, como diciéndonos nuestra Madre: “Ustedes son mis hijos, mis hijos muy queridos frutos de mi gran fe. Realmente los he concebido en mis entrañas y los he dado a luz para la salvación. El Perú, y en particular Piura y Tumbes, han estado bajo mi guía y resguardo desde sus orígenes. He compartido con ustedes sus alegrías y dolores como Nación y les seguiré prodigando mis cuidados y mi amor maternal hasta el final de los tiempos, y en especial en estos tiempos de pandemia”. El que el escudo del Perú este en el vientre de María de las Mercedes, es señal del amor hondo y misericordioso de la Virgen Madre de Dios por cada uno de los peruanos, de los piuranos, tumbesinos y de los paiteños.

Asimismo Nuestra Señora de las Mercedes lleva en su mano izquierda los grilletes o esposas y en su mano derecha su cetro de majestad. Los grilletes sostenidos en su mano izquierda, simbolizan que Ella es el camino para hallar a Cristo, el único libertador del hombre, el único capaz de liberarnos de la esclavitud del pecado y de esta peste. Ella, en virtud del poder de Dios, es capaz de romper las cadenas que nos aprisionan hoy en día. Por eso Santa María es refugio de pecadores, auxilio de los cristianos, consuelo de los afligidos, salud de los enfermos.

El cetro de majestad que sostiene en su mano derecha se relaciona con la corona que tiene ceñida en su cabeza y que nos habla que Nuestra Señora de las Mercedes es María Reina.

Pero, “el título de Reina no sustituye, ciertamente, el de Madre. Su realeza es un corolario, una consecuencia, de su peculiar misión materna, y expresa simplemente el poder que le fue conferido por Dios para cumplir dicha misión maternal…Esto lo destaca muy bien San Germán de Constantinopla, que piensa que ese estado de realeza asegura la íntima relación de María con su Hijo, y hace posible su intercesión en nuestro favor. Dirigiéndose a María, añade: «Cristo quiso tener, por decirlo así, la cercanía de tus labios y de tu corazón; de este modo, cumple todos los deseos que le expresas, cuando sufres por tus hijos, y Él hace, con su poder divino, todo lo que le pides» (Hom 1: PG 98, 348)”.[1]

Por eso hoy le decimos: “Madre, tu Hijo no te niega nada de lo que le pides en favor nuestro. Tú que estas cerca de Él, ruégale y suplícale por nosotros. En esta hora de enfermedad y muerte pídele que adelante la hora de la cura y de la sanación para este flagelo”.

Pero la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes que veneramos los piuranos y tumbesinos en su Santuario de Paita, tiene dos particularidades que no tienen otras imágenes de esta devoción que se veneran en el Perú y en el mundo, y que son únicas de nuestra “Mechita”: La herida en su cuello y el título de “Reina de la Fe y Estrella de la Evangelización” que San Juan Pablo II le confirió en su histórica visita a Piura, el 04 de febrero de 1985. 

La herida en su cuello fue producto del pirata inglés George Anson quien asoló el puerto de Paita entre el 13 y el 15 de noviembre de 1741. En un acto blasfemo, el corsario quiso decapitar la imagen de nuestra Madre, más sus esfuerzos fueron vanos ya que su espada se debilitaba y desafilaba a cada golpe, infringiéndole sólo la herida que hoy en día contemplamos en su cuello.

La herida en el cuello de “La Mechita”, es un símbolo poderoso de que Ella comparte con nosotros, no sólo nuestras alegrías y triunfos, sino también nuestros dolores, sufrimientos, desafíos y problemas. La herida en su cuello nos habla que Ella es la Madre Dolorosa que, “junto a la Cruz lloraba mientras el Hijo pendía, cuya alma, triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenía”.[2] Unida de modo intenso y misterioso a la misión dolorosa de Cristo, Ella se convierte en la fiel cooperadora de su Hijo para la salvación del género humano, y así se hace capaz de comprender y acoger en su corazón traspasado, todos nuestros sufrimientos para aliviarlos trayéndonos el consuelo divino, más aún en estos tiempos de pandemia. 

San Juan Pablo II le dio a “La Mechita” el título de “Reina de la Fe y Estrella de la Evangelización”, ya que gracias a su guía maternal la fe llegó por Piura al Perú entero en 1532, y por eso somos una nación cristiana y católica, y profundamente mariana. Por eso en estos tiempos de incertidumbre y de dolor le pedimos a Nuestra Señora de las Mercedes que implore a su Hijo para que esta dura prueba termine y así volvamos pronto a encontrar un horizonte de esperanza y de paz.

Como en Caná, intercede Madre de las Mercedes, bendita, siempre bendita, para que nos veamos libres de los sufrimientos y de las angustias que nos oprimen. Por eso a ti acudimos, Madre de Dios y Madre Nuestra y buscamos refugio bajo tu protección rezándote el Santo Rosario con amor filial.

San Miguel de Piura, 14 de mayo de 2020
Fiesta de San Matías, apóstol

[1] San Juan Pablo II, Audiencia General, 23-VII-1997.

[2] Stabat Mater, Versión de Lope de Vega. 

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jueves 14 mayo, 2020