EXHORTACIÓN PASTORAL DEL ARZOBISPO METROPOLITANO CON OCASIÓN DE LA NAVIDAD 2011

“Deteneos y mirad” (Sal 46 [45], 11).

Muy queridos y amados hermanos en el Señor Jesús:

Dentro de muy poco será Navidad. En estos días, todo debería invitarnos al recogimiento, al silencio y a la adoración del misterio de Dios que nace de la Santísima Virgen María, para ser el Emanuel, el Dios-con-nosotros, nuestro Salvador. Todo debería invitarnos a la reverencia más profunda para así poder acoger con fe, esperanza y amor el regalo que Dios nos hace de sí mismo.

Lamentablemente por el impulso de un consumismo hedonista, la Navidad corre el riesgo de perder su verdadero significado para reducirse a una mera ocasión comercial de compras e intercambios de regalos. Por ello qué bien nos viene la exhortación del salmista: “Deteneos y mirad” (Sal 46 [45], 11).

Sí hermanos frente al misterio de Navidad detengámonos y miremos atentamente con los ojos de la fe lo que hoy sucede en Belén: el Creador del universo ha nacido y gracias al milagro de la Encarnación se ha unido indisolublemente a la naturaleza humana para ser nuestro Reconciliador.

Sí, el “Dios de Dios, luz de luz”, es al mismo tiempo hombre, hombre verdadero. Real e históricamente, “ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres” (Tt 2, 11).

La Navidad es el encuentro con un recién nacido que llora en brazos de su Madre purísima. De esta manera, Dios se nos ha hecho tan cercano que, sin temor, podemos tratarlo de “tú”. En el Niño Jesús se manifiesta de la forma más patente el infinito amor que Dios nos tiene, tanto que por nosotros viene a la tierra totalmente inerme e indefenso. Como todo niño necesita del cuidado de su Madre Santa María y de la custodia y protección de su padre nutricio, San José. Al nacer como un niño, necesita también de nuestro amor.

Pero la gran paradoja de la Navidad es que nosotros necesitamos de este Niño Divino más que Él a nosotros. Lo necesitamos más porque Él es la verdad que disipa las tinieblas de la mentira y del error en las que vivimos. Lo necesitamos más, porque Él es el Amor que nos libera de nuestros egoísmos y odios. Lo necesitamos más, porque Él es el Salvador que nos trae el don de la reconciliación que vence nuestras soberbias, arrogancias, codicias y violencias.

Hoy como hace más de dos mil años los ángeles de Navidad vuelven a proclamar: “hoy en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor” (Lc 2, 11); y así nuestra esperanza se renueva y nuestros corazones se levantan de cualquier abatimiento, porque Aquél que se ha hecho carne es el Hijo de Dios vivo, el Logos, el Verbo, es decir “el que da sentido a todo”.

Aquel que hoy nace viene a iluminar la verdad de quiénes somos, dándole a nuestras vidas y al mundo su razón de ser. Sólo Cristo revela el Hombre al hombre, mostrándole su verdadero rostro, aquél que lo hace inconfundible, asegurándole la plena dignidad de su existencia.

Dios viene a nosotros como niño indefenso, sin armas, porque no quiere conquistar desde lo exterior, sino ganar desde el interior, transformar desde dentro. El Niño de Belén no quiere nuestra rendición, más bien apela a nuestro corazón y a nuestra decisión libre de aceptar su amor. En esta Navidad, démosle el homenaje de nuestra fe, dejémosle entrar porque Él es la vida y la luz. “Cojamos la mano que nos tiende: es una mano que no quiere quitarnos nada sino únicamente darnos todo”. (1)

Contemplando al Niño Dios en el pesebre, ¿cómo no pensar en los recién nacidos que no son acogidos sino rechazados? ¿Cómo no pensar en los niños que no logran sobrevivir por falta de cuidados médicos suficientes? ¿Cómo no pensar con dolor en los niños abortados? ¿Cómo no desenmascarar y rechazar firmemente los repetidos intentos por despenalizar y legalizar el aborto en el Perú? La Navidad es una invitación a abrir las puertas del corazón al niño por nacer, al concebido no nacido, el más pequeño y frágil integrante de la familia peruana. El más pobre entre los pobres. Seamos su voz y su defensa, él que ni siquiera tiene voz para defenderse.

Dios se hace niño pequeño e indefenso. Dios ha querido recorrer la vida del hombre desde sus inicios para salvarla totalmente en plenitud. Por ello sin duda alguna podemos decir que el Verbo de Dios se hizo embrión, y por tanto nunca es justificable el asesinato de un niño inocente en el vientre de su madre. El aborto jamás puede ser considerado un derecho humano. Toda vida humana, desde la concepción, en cualquier estado y condición, hasta su fin natural, tiene un carácter sagrado e inviolable, porque el Hijo de Dios con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre”. (2)

Igualmente, contemplando al Niño Jesús en brazos de su Madre, la Virgen María, bajo la atenta mirada de San José, ¿cómo no pensar en el bien insustituible que es la familia, patrimonio de la humanidad, surgida del matrimonio entre un hombre y una mujer?

La Navidad es también ocasión propicia para que comprendamos que si queremos “dar un rostro verdaderamente humano a la sociedad no podemos ignorar el don precioso de la familia, fundada sobre el matrimonio. La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio para toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, es el fundamento de la familia, patrimonio y bien común de la humanidad. Así pues, la Iglesia no puede dejar de anunciar que, de acuerdo con los planes de Dios (ver Mt 19, 3-9), el matrimonio y la familia son insustituibles y no admiten otras alternativas”. (3)

Queridos hermanos: la Navidad es algo más que una ocasión para redescubrir los valores de la sencillez, la amistad y la solidaridad. El verdadero valor y sentido de la Navidad radica en que en ella se celebra el acontecimiento central de la historia: la Encarnación del Verbo divino para la redención de la humanidad: “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14).

Hermanos muy queridos: al prepararnos para celebrar con alegría el nacimiento del Salvador en nuestras familias y en nuestras comunidades eclesiales, mientras cierta cultura moderna y consumista tiende a suprimir los símbolos cristianos de la celebración de la Navidad, esforcémonos por captar su valor cristiano que forma parte de nuestra fe y de nuestra cultura peruana y así transmitámoslo a las nuevas generaciones.

¡Navidad es Jesús! Navidad es el surgimiento de la Vida que destruye la muerte, es el amanecer del Sol de Justicia que disipa las tinieblas del pecado y la mentira, es el nacimiento del Niño Divino que nos enseña que es valioso ser hombre porque Él, Dios verdadero, se ha hecho hombre verdadero, por amor a nosotros.

Navidad es la celebración de la venida de Aquel que siendo rico se hace pobre para enriquecernos con su pobreza, del Salvador esperado por todos los tiempos, de la alegría del justo porque se acerca su recompensa, del consuelo del pecador porque se acerca su perdón. Navidad es el nacimiento del Niño Jesús en el portal de Belén y también su nacimiento en el humilde portal de nuestro corazón.

Que en esta Navidad no estemos tan ocupados con nosotros mismos, tan atontados por el consumismo que no tengamos lugar para acoger en nuestro corazón al Señor nuestro Dios y con Él a nuestro prójimo y al pobre.

Mediante el mensaje del Evangelio, el Ángel de Navidad nos llama a ponernos en camino: “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2, 10-12).

Como los Pastores de Belén y los Reyes Magos venidos de Oriente pongámonos en camino, salgamos de la cerrazón de nuestro corazón y vayamos al encuentro del Señor Jesús para adorarlo y acogerlo. Lo encontraremos en brazos de su Madre, Santa María. Lo adoraremos “abriendo el mundo a la verdad, al bien, a Cristo, al servicio de cuantos están marginados y en los cuales Él nos espera”. (4)

A todos les deseo una muy Santa y Feliz Navidad y un Año Nuevo lleno de las bendiciones del Señor.

Los bendice y pide sus oraciones,

 

 

San Miguel de Piura, 18 de diciembre de 2011
Domingo IV de Adviento

 

Citas:

(1) S.S. Benedicto XVI, Homilía de Navidad 2005.

(2) Gaudium et spes, n. 22.

(3) S.S. Benedicto XVI, Carta al Cardenal Presidente del Consejo Pontificio para la Familia convocando el V Encuentro Mundial de las Familias, 17-V-2005.

(4) S.S. Benedicto XVI, Homilía de Navidad, 2007.

 

domingo 18 diciembre, 2011