QUE LA SEMANA SANTA RENUEVE NUESTRO AMOR A JESÚS Y A LOS HERMANOS

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29 de marzo de 2015 (Oficina de Prensa).- El día de hoy, en el atrio de la Basílica Catedral de Piura, nuestro Arzobispo presidió la Santa Misa de Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, dando inicio a las celebraciones de Semana Santa. Gran cantidad de fieles participaron de la bendición de ramos y de esta celebración en la que se conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén días antes de entregar su vida y morir por amor a nosotros.

A continuación les ofrecemos la Exhortación Pastoral que nuestro Pastor ha dirigido a toda la Iglesia particular de Piura y Tumbes con ocasión de la Semana Santa.

Exhortación Pastoral del Arzobispo Metropolitano a toda la Iglesia Arquidiocesana de Piura y Tumbes

  EN SEMANA SANTA PIDAMOS CON FE QUE CESEN LAS LLUVIAS DESMEDIDAS

 “Despertando Jesús, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo calma” (Lc 8, 24)

A mis queridos Sacerdotes, Diáconos, Personas Consagradas y a los Fieles Laicos de la Arquidiócesis de Piura y Tumbes:

Con la celebración del Domingo de Ramos, hemos acompañado a Jesucristo en su entrada solemne a la ciudad santa de Jerusalén (ver Mc 1, 1-11). De esta manera hemos dado inicio a la Semana Santa la cual tendrá su culmen en la celebración del Triduo Pascual que es la fase conclusiva del sacrificio reconciliador del Señor Jesús. En el Triduo Pascual se revive y actualiza el misterio del amor de Cristo por nosotros (ver Jn 15, 13) que tiene como meta el triunfo de la misericordia sobre el pecado con la Resurrección. Son días para acompañar al Señor tanto en las liturgias como en los diversos actos devocionales de nuestra rica piedad popular. Los invito pues a todos a tener en la Semana Santa la actitud de Santa María, quien estuvo primero al pie de la cruz de su divino Hijo (ver Jn 19, 25) y después recibió la aparición del Resucitado llenándose de gozo. En efecto, “el carácter único y especial de la presencia de la Virgen en el Calvario y su perfecta unión con su Hijo en el sufrimiento de la cruz, parecen postular su participación particularísima en el misterio de la Resurrección”. [1]

Es bueno recordar que estos días santos se nos conceden para estar junto a Jesús y dejarnos tocar por su amor que todo lo renueva y transforma (ver Ap 21, 5). No son días para descansar y menos para pecar. ¿Cómo descansar cuando Jesús está trabajando con tanto amor y celo por nuestra salvación? ¿Cómo pecar cuando precisamente Cristo está entregando su vida para el perdón de nuestros pecados?  

Que cada día del Triduo Pascual siembre en nosotros un renovado amor por Jesús, nuestro Salvador y por nuestros hermanos. Así, que el Jueves Santo nos renueve en nuestro amor a la Eucaristía y en el compromiso por el amor fraterno. Que el Viernes Santo, en compañía de Santa María, nos detengamos a los pies del Gólgota para contemplar al Crucificado y así poder medir hasta el fondo la verdad de las palabras de Jesús: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16).  Y finalmente el Domingo de Pascua celebremos el triunfo del Resucitado y con Él la victoria de la luz sobre las tinieblas, de la gracia sobre el pecado, de la vida sobre la muerte.  Asimismo los aliento a que durante la Semana Santa preparemos nuestra Confesión Pascual y nos acerquemos sincera y personalmente a recibir el sacramento de la Confesión, también llamado de la Reconciliación, ya que en estos días santos se trata sobre todo de morir con Cristo a nuestro pecado para resucitar con Él a la vida nueva, es decir vivir la dinámica bautismal de muerte para la vida, de despojarnos del hombre viejo para revestirnos del hombre nuevo (ver Col 3, 9-10). Acerquémonos pues confiadamente al confesionario porque como dice un gran Padre de la Iglesia, si en la justicia humana el castigo sigue a la confesión, en la justicia de Dios, la salvación sigue a la confesión[2].

Oremos para que cesen las lluvias desmedidas

Por todos nosotros es conocido que en Piura y Tumbes, las lluvias incesantes amenazan nuestros cultivos y están causando temor y dolor a miles de hermanos nuestros. A ello se suma la preocupación de la llegada del Fenómeno del Niño en las próximas semanas.

Por ello quiero invitarlos a todos a que en estos días de Semana Santa, días en que Cristo nos manifiesta su amor, ternura y compasión, invoquemos con confianza al Señor Jesús, que es para nosotros el Señor Cautivo de Ayabaca, para que cesen las lluvias desmedidas y haya un tiempo apacible en los próximos días, semanas y meses.

Para ello les solicito que al terminar las Misas y Oficios de cada día de Semana Santa y mientras sea necesario, recemos la oración que les hago llegar para implorar un buen tiempo, oración que también debemos rezar en nuestras comunidades y familias.

Estoy seguro que el Señor escuchará nuestra oración y nos concederá una vez más su favor.

Deseándoles una Feliz Pascua de Resurrección, con  especial afecto les imparto mi bendición pastoral.

San Miguel de Piura, 21 de marzo de 2015
Vísperas del V Domingo de Cuaresma

ORACIÓN PARA IMPLORAR QUE CESEN LAS LLUVIAS DESMEDIDAS

Cristo Jesús, que eres para nosotros el Señor Cautivo de Ayabaca, escucha nuestra plegaria confiada en estos momentos en que las fuertes lluvias, que azotan a nuestra Región y País, amenazan nuestros cultivos y a miles de pobladores y hermanos nuestros.

Sabemos que atiendes nuestros ruegos y te compadeces de nuestras dificultades y dolencias. Por ello mira a tu pueblo que confiado recurre a ti para pedirte la gracia de un tiempo bueno y apacible.

 En estos días en que celebramos el misterio de tu Amor hasta el extremo por nosotros, el misterio de tu Pasión, Muerte y gloriosa Resurrección, recurrimos a ti, Señor, porque sabemos que nos amas.

Danos, te pedimos de todo corazón, la gracia de un tiempo tranquilo y sereno. Que cesen las lluvias desmedidas, de modo que las poblaciones inundadas regresen a la vida normal, los campos se puedan recuperar para las cosechas y tengamos en las carreteras una viabilidad segura. Danos entrañas de solidaridad y caridad para que podamos socorrer a los hermanos damnificados.

Acoge, Señor Cautivo, nuestra plegaria, como tantas veces has respondido positivamente a los ruegos de tu pueblo en rogativa.

Tú que afirmaste la tierra sobre sus cimientos, te pedimos que disipes nuestros temores y escuches nuestras súplicas para que apaciguado el mal tiempo experimentemos constantemente tu misericordia y seguros de tu protección te sirvamos en acción de gracias.

Que te encomiende nuestra oración, tu Madre Santísima, que es para nosotros Nuestra Señora de las Mercedes, nuestra querida Mechita, Aquella a quien Tú, como en las Bodas de Caná, nada le niegas (ver Jn 2, 1-11).

Que así sea. Amén.

[1] San Juan Pablo II, Catequesis 27-V-1997.

[2] Ver San Juan Crisóstomo, Catena Aurea, vol. VI, p. 506.

 

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domingo 29 marzo, 2015