HOMILÍA POR EL 484º ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE SAN MIGUEL DE PIURA

Queridos Hermanos:

Nos hemos reunido para ofrecer la Santa Misa por el 484° aniversario de la Fundación Española de nuestra muy querida Ciudad de San Miguel de Piura. Nuestra Ciudad fue la primera fundada en el Pacífico Sur y por tanto la más antigua del Perú. Con satisfacción podemos decir, citando al gran pensador Víctor Andrés Belaúnde en su trascendental obra Peruanidad que: “La ciudad hispánica, en este caso San Miguel, fue el centro y órgano de la quíntuple transformación que representa la conquista…; ella encarnó la génesis de una nueva entidad social… el comienzo de la nación peruana…”.

Manifiesto mi profunda alegría y común felicitación porque hayamos recuperado la fecha original de su fundación después de un prolijo trabajo de investigación en el cual han participado renombrados historiadores, el Consejo Provincial de Piura y la Iglesia. Nuestra Ciudad fue puesta por nuestros fundadores bajo la protección y guía de la Santísima Virgen María, en el misterio de su Asunción o Tránsito en cuerpo y alma al cielo. El Señor no quiso que conociera la corrupción del sepulcro, la Mujer que por obra del Espíritu Santo, concibió en su seno al Autor de la Vida, Jesucristo, Hijo suyo y Señor nuestro.

La Asunción de Santa María

Santa María en el cielo resplandece como signo de esperanza de nuestra futura glorificación. Nos recuerda que nuestro cuerpo está llamado a ser santo en esta tierra para ser resucitado y glorificado en el cielo. Por ello, a la luz de esta fiesta de María, cobran para nosotros renovado sentido y fuerza las palabras que diremos en la profesión de fe del Credo: “Creo en la resurrección de la carne”.

Si bien el misterio de la Asunción de la Virgen favorece la plena comunión de María con su Hijo Jesucristo en el cielo, también lo hace con sus demás hijos en el orden de la gracia. Desde la gloria celestial, Ella está junto a nosotros como Madre, porque su estado glorioso le permite acompañarnos y cuidarnos en nuestro diario itinerario terreno. Con San Juan Pablo II podemos afirmar que, “en vez de crear distancia entre nosotros y Ella, el estado glorioso de María (en el cielo) suscita una cercanía continua y solícita. Ella conoce todo lo que sucede en nuestra existencia, y nos sostiene con amor materno en las pruebas de la vida. Elevada a la gloria celestial, María se dedica totalmente a la obra de la salvación, para comunicar a todo hombre la felicidad que le fue concedida”.[1]

María, nuestra Madre, se interesa por nuestra salvación, y desde el cielo extiende sobre nosotros su manto y amor maternal. Por ello en fidelidad a lo que desde su fe cristiana desearon los fundadores de Piura, no dejemos de encomendarnos a Ella y profesarle un gran amor de hijos. Así nuestro peregrinar será seguro.

Siempre unidos para hacer de Piura la casa común

Ciertamente son grandes los desafíos que tenemos en nuestra Ciudad, desafíos y problemas que no son de ahora sino que se vienen arrastrando de muchos años atrás, en las áreas de salud pública, seguridad ciudadana, educación cívica, protección a la familia, a los niños, jóvenes, y ancianos. También son grandes los desafíos y problemas en infraestructura, saneamiento, electrificación, transporte, sistema vial, etc. Mi llamado a nuestras autoridades ediles provinciales para que conjuntamente con los Municipios Distritales y la Región, trabajen por hacer de Piura esa casa común, donde todos sus moradores nos sintamos contentos y protegidos en nuestra dignidad humana, así como en nuestro derecho a participar de los bienes espirituales, culturales y materiales.

Este trabajo no se podrá hacer sin la necesaria unidad. Sabemos que son pocos los recursos materiales de los que se dispone, pero si a la carencia de recursos sumamos peleas, enfrentamientos y divisiones entre nosotros, los resultados serán peores en perjuicio de nuestra Ciudad y de sus habitantes. Aun contando con todo el oro de mundo, sin unidad nada se puede hacer. Por ello les hago una invocación al trabajo conjunto, al entendimiento, a la búsqueda común de soluciones y proyectos. Es posible hacer mucho con poco, pero solamente si hay unidad y voluntad de trabajar conjuntamente, con verdadero espíritu de servicio, con honestidad y con desprendimiento personal por el bien común de Piura y de sus habitantes.

Pongamos todo de nuestra parte por nuestra Ciudad

A los que habitamos esta noble e histórica Ciudad de San Miguel de Piura, también dirijo mi llamado para que comprendamos que todos formamos Piura. No nos limitemos simplemente a reclamar y a quejarnos, lo cual siempre es muy fácil, sino que cada uno, según sus posibilidades y capacidades, ponga todo de sí por nuestra Ciudad.

Todos podemos hacer algo por Piura, sea manejando según las normas de tránsito, o cuidando el ornato de la Ciudad, o practicando las buenas costumbres en los lugares públicos, o colaborando con la seguridad ciudadana no apañando el delito o el crimen, y sobre todo respetando a las demás personas y su dignidad. Nunca debemos olvidar que si bien tenemos derechos también tenemos deberes.

Que nuestra conducta ciudadana sea solidaria y exprese un profundo sentido del deber cívico y del amor al prójimo. Uno de los grandes retos de las ciudades en el presente siglo es que no se deshumanicen, que no se conviertan en un conglomerado caótico, meramente económico, sin personalidad y sin sentido de comunidad. Para ello se hace necesario practicar entre nosotros el amor misericordioso, especialmente con los pobres e indefensos. La misericordia es indispensable entre los hombres para que haya hermandad, fraternidad y así surja la ansiada Civilización del Amor. Como dice el Papa Francisco: “Un poco de misericordia cambia al mundo, lo hace menos frío y un poco más justo”.

Las ciudades, como la persona, no sólo tienen cuerpo sino también espíritu, y en ese sentido, Piura, como Ciudad fundada al calor de la fe cristiana y puesta bajo la protección de la Virgen Santísima y del Arcángel San Miguel, se ha distinguido siempre por su profunda vida espiritual cristiana, tesoro a cuidar y dilatar. La vida de Piura se ha identificado permanentemente con su fe católica, y así tiene que seguirlo siendo para bien de todos nosotros, ya que la fe promueve el sentido auténtico de comunidad y de corresponsabilidad.

Queridos hermanos: Nuestro gran reto es hacer de San Miguel de Piura, un lugar en el que las personas puedan vivir en paz, en justicia, solidaridad y reconciliación. Todos somos Piura y por ello todos somos responsables, unos más que otros, de hacer de nuestra Ciudad un ámbito donde se haga visible la Civilización del Amor. Trabajemos con la gracia de Dios por hacer que Piura sea una Ciudad fundada en la caridad, donde todos nos sintamos movidos por el amor de Cristo a servir a los demás y a encontrar nuestro verdadero gozo en ello. Sólo así, nuestra querida Piura tendrá un alma que le permita ver más allá de sus problemas y encarar con ánimo los desafíos siempre constantes.

Dos pedidos y orar siempre a San Miguel, nuestro patrono

Quisiera terminar haciendo dos pedidos muy sencillos a nuestras actuales autoridades ediles y regionales: El primero recuperar la plazuela de las “Tres Culturas” donde está el monumento a Francisco Pizarro, fundador de nuestra Ciudad.

Ojala veamos pronto este tradicional lugar de Piura recuperado en su esplendor y belleza, y en particular el monumento a su Fundador. Hay que ser agradecidos con la historia y con quienes precediéndonos la han forjado para nosotros abriéndonos un camino de despliegue y realización. Un pueblo sin historia es un pueblo amnésico, sin memoria, condenado a no tener identidad y por tanto futuro.

El segundo pedido: Evaluar la posibilidad de declarar feriado en la Provincia de Piura el día 15 de agosto de cada año como una forma para ir recuperando poco a poco la conciencia y la estima de parte de los pobladores de Piura por su historia y especialmente por su Ciudad. Así lo tienen otras ciudades del Perú que también celebran su aniversario de fundación española el 15 de agosto; ciudades que no tienen el privilegio que tiene San Miguel de Piura de ser la primera y más antigua Ciudad de fundación española del Pacífico Sur y del Perú.

Nuestra Ciudad fue puesta bajo la protección de San Miguel Arcángel. De ahí su hermoso nombre: ¡San Miguel de Piura! Por ello no encuentro mejor oración para pedir las bendiciones del Altísimo sobre nuestro pueblo que la oración que la Iglesia le dirige al Príncipe de la Milicia Celestial para que él sea nuestro amparo contra las asechanzas del demonio y nos ayude a que el esplendor de la fe y del amor resplandezca en todos los corazones y en nuestra vida social:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú Príncipe de la milicia celestial,
arroja al infierno con el divino poder a Satanás
y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 15 de agosto del 2016.
Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María

[1] San Juan Pablo II, Audiencia General, 23-VII-1997.

lunes 15 agosto, 2016